La lucha por el agua en Chihuahua

La lucha por el abastecimiento de agua en el Estado de Chihuahua, en el noroeste de México, amenaza con desatar una nueva tensión diplomática entre el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador y Estados Unidos. El martes, centenares de agricultores armados con bates y sus herramientas de labriego tomaron la presa de La Boquilla y cerraron sus compuertas, deteniendo de esta manera el flujo de agua que México debe entregar a su vecino del norte debido a un tratado internacional firmado en 1944, que establece el aprovechamiento de ambos países de las aguas de los ríos Bravo y Colorado. Los productores aducen que necesitan el líquido para hacer producir sus campos en medio de una intensa sequía que afecta a esta región. Las autoridades afirman que detrás de estos hechos hay manipulación política de grupos opositores, pero también la presión de poderosos productores de nuez y alfalfa, que necesitan el agua para mantener sus enormes plantaciones.

La tensión aumentó la noche del martes, cuando se produjo un enfrentamiento con integrantes de la Guardia Nacional que ha dejado al menos dos muertos y varios heridos, entre ellos cinco militares. La Guardia Nacional ha informado este miércoles que sus “elementos fueron interceptados por civiles armados en varios vehículos, quienes los agredieron con armas de fuego”, por lo que tuvieron que “repeler” la agresión. La institución ha dicho, además, que ha detenido a tres personas que portaban granadas de gas lacrimógeno y un cargador para arma de fuego. Las autoridades han iniciado una investigación para esclarecer estos hechos, mientras los agricultores permanecen en la presa reclamando el suministro de agua.

“Lamentamos lo ocurrido. El Gobierno de México se comprometió con que no faltaría agua en la región, cosa que se ha cumplido a cabalidad”, explica por teléfono Juan Carlos Lorea, delegado de programas del Gobierno Federal en Chihuahua. “Desde el año pasado, antes de que iniciara el ciclo agrícola, los agricultores presentaron el plan de riego para que la Conagua [Comisión Nacional del Agua] lo autorizara. En La Boquilla está apunto de cumplirse la entrega. No ha faltado el agua para los productores”, agrega. En esa presa, que forma parte de las 813 que administra la Conagua en todo el país, fue levantada sobre el cauce del Río Conchos —afluente del Río Bravo— y es uno de los principales sistemas hídricos del norte de México.

El conflicto por el agua en esta región del noreste de México es de vieja data e involucra las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, tras la firma de un tratado internacional de aguas en 1944 —que México ratificó un año más tarde—, que establece una repartición entre ambos países del agua del Río Colorado y el Río Bravo. Según este acuerdo, Estados Unidos se compromete a entregar a México cada año 1.800 millones de metros cúbicos de agua del Río Colorado, mientras el Gobierno mexicano debe ceder 2.200 millones de metros cúbicos del Río Bravo cada cinco años. Lorea afirma que la Administración tanto de Felipe Calderón como de Enrique Peña Nieto incumplieron el tratado entre 2010 y 2015, pero que el Ejecutivo de Andrés Manuel López Obrador se ha comprometido a retomarlo para mantener las delicadas relaciones diplomáticas con su vecino del norte y evitar sanciones de Washington a los productos mexicanos.

“Lo que está haciendo México es cumplir con los planes de riego, evaluar los volúmenes de agua restante y entregar los volúmenes establecidos en el acuerdo, que se entregan a la Comisión Internacional de Límites y Aguas, encargada de hacer el conteo del agua que se entrega”, explica Lorea. El conflicto estalla cuando los agricultores reclaman el excedente de agua para sus actividades agrícolas, principalmente para el riego de amplias zonas donde se cultiva nogal (nuez de Castilla) y alfalfa, utilizada para engordar el ganado y mantener la alta producción de leche en la región.

Se trata de cultivos que han sustituido a la tradicional producción de frijoles, trigo, maíz y algodón. Los precios de estos productos cayeron tras la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio, por lo que los agricultores debieron buscar nuevos cultivos. Tanto la nuez como la alfalfa mantienen sus precios altos, lo que genera mayores ingresos a los productores, pero afecta los recursos hídricos de la región. “El clima árido que predomina en el Estado de Chihuahua hace necesario un manejo eficiente del agua, particularmente en el sector que más consume este recurso natural: el agrícola. Sin embargo, el panorama de producción de alimentos no ha sido el correcto en este Estado, pues se han privilegiado cultivos perennes y altamente demandantes de agua, como el nogal y la alfalfa. Dichos cultivos no solo contribuyen a debilitar la seguridad alimentaria de nuestro país —que presenta déficit en la producción de granos básicos como trigo y frijol—, sino que promueve la concentración de la riqueza en pocas manos», ha advertido el Gobierno federal en un comunicado emitido por su delegado en el Estado.

Para Lorea los hechos ocurridos la noche del martes han sido impulsados por “intereses políticos y económicos”, tanto de partidos de oposición que esperan el apoyo del sector agrícola de cara a los comicios regionales que se celebrarán el próximo año como de poderosos productores que esperan mantener altas las cosechas de nuez y alfalfa. “Lo más importante es mantener un estado de paz en la región. El Gobierno ha actuado de manera responsable”, afirma el funcionario. El presidente López Obrador se ha pronunciado sobre la tensión en Chihuahua y ha sugerido que Naciones Unidas analice los planes de asignación de agua, informa Reuters. El mandatario sostuvo la posición de su Gobierno de respetar el tratado con Estados Unidos y ha advertido que de no hacerlo México podría enfrentar sanciones de su vecino del norte. Sin embargo, la tensión continuaba este miércoles, con centenares de campesinos levantados en la frontera para exigir lo que consideran un recurso valioso que les pertenece.