Kórima

En las comunidades tarahumaras existe la tradición de asistir a quienes pasan por necesidad.

Cuando un individuo o una familia atraviesan por una crisis de recursos para su subsistencia, los demás le socorren sin reparo alguno en un gesto de solidaridad y ayuda desinteresada.

Este servicio que se prestan entre sí los tarahumaras es conocido como “kórima”, una palabra rarámuri que muchos han traducido como ayuda o regalo, pero que significa mucho más que eso al referirse, en sentido profundo, a un sistema actitudes y valores morales anclados en una cosmovisión o filosofía del mundo centrada en la idea del equilibrio.

Los tarahumaras entienden que cuando en su comunidad alguien se encuentra en crisis de alimentos ello significa una falta de estabilidad en la organización social (a la cual ven como un correlato del estado de cosas de la naturaleza). Ante ello, se ven impulsados a actuar para restablecer el equilibrio corrigiendo la falla.

La comunidad tarahumara mantiene una ancestral convicción en el deber que se tiene ante el prójimo. De ello recuerdan constantemente los gobernadores en sus discursos ante los integrantes de la sociedad, quienes suelen ser amonestados si no aportan a la justicia y al equilibrio. Son mensajes desde los antepasados más remotos, a quienes hay que mostrar respeto.

Las acciones de solidaridad en la sierra chihuahuense son cotidianas. Los protagonistas de dichas acciones llevan alimento hasta la casa de quienes lo necesitan, se haya pedido o no el kórima. Llegan al lugar, dejan el apoyo y se alejan, toda con discreción, sin alardes ni ostentaciones.

Muchos creen que kórima es limosna. No lo es.

En la cultura tarahumara no hay lugar para la limosna. Se trata de un acto de restablecimiento del orden o equilibrio que se pierde cuando unos tienen y otros no. Es una decisión ética, con justificación en las creencias sobre el orden del cosmos. No, kórima no es “una limosnita”.

Es necesario tomar perspectiva, intentar ver al mundo y al hombre como lo hacen en la cultura rarámuri, y desde ahí intentar comprender esa conducta de compartición como un compromiso con la justicia, como una acción honorable. Kórima corresponde a un humanismo ancestral.