El temor al poder femenino

Del respeto al temor y de este al odio, fue el proceso que llevó a las sociedades a quemar a quienes acusaban de ser brujas. Pero la sabiduría de aquellas mujeres se mostraba admirable y respetable.

Eran ellas quienes más cerca se encontraban de la naturaleza. Esa cercanía con la tierra, poder para dar y despojar de vida, así como fortaleza hizo temblar al sistema patriarcal.

Para comenzar a abordar un tema como el de las brujas, es importante establecer la connotación que a lo largo de la historia se les ha dado. No es lo mismo pensar en la mujer con poderes en tiempos de sociedades antiguas, que hacerlo a partir de la Edad Media.
Establezcamos entonces la diferencia entre hechicera y bruja. Una hechicera es una mujer sabia, muy del hogar, sanadora, partera y sacerdotiza, quien se caracteriza por tener amplios conocimientos sobre la naturaleza y sus propiedades. Lo anterior, si pensamos en el tiempo, mas no en el significado.

Por ejemplo, Circe, personaje de la obra La Odisea, es una hechicera dentro de la visión que los griegos tenían de mujeres con poderes. La bruja, por su parte, está más ligada a la demonización que la religión hizo de la hechicera durante la Edad Media, y por supuesto, de las características que con ellos se le atribuyeron, además de las ya conocidas. ¿Qué sucedió? Con la expansión del cristianismo, las épocas de pestes, conflictos religiosos, guerras, y la invención de la imprenta, las ideas sobre brujería se difundieron.

Lo que en realidad no se sabe es que las personas que más tarde serían víctimas de la paranoia no practicaban lo que antiguos escritos estudiados por eruditos afirmaban.
Quienes habían heredado ese conocimiento recogían hierbas, preparaban pociones o hacían un breve hechizo, como fue durante generaciones. Las razones, tradición, quizá para dañar a alguien; lo usual era que lo hicieran para aliviar males, proteger a otros o a ellos mismos.

Bajo aspectos como, pensar que al dar vida podían quitarla, estar en contacto con la tierra con advocaciones ancestrales como las diosas madre, en la década de 1430 un grupo de inquisidores de la iglesia, comenzó a difundir episodios de brujas reunidas que adoraban demonios, realizaban orgías, y comían bebés asesinados.
En principio la idea no causó demasiado impacto, pero cuando llegó la Reforma y la Contrarreforma, la Iglesia se resquebrajó, comenzó así la desestabilización social e ideológica, y en consecuencia, la paranoia y persecución.

Fue en este momento (1,486) cuando una pequeña publicación de un clérigo, llamada Malleus Maleficarum, despertó pánico colectivo. En ella se estructuraba la brujería como organización que se distinguía por haber hecho un pacto con Satán. Era necesario entonces darles un carácter malévolo, satanizante, de odio, temor, con poderes innimaginables y a quienes había que despreciar. Aquellas que se les veía bellas para despertar las tentaciones.
Desde ese momento la cacería comenzó. Entre los años 1400 y 1700, la histeria colectiva llevó a la iglesa a ejecutar a más de 50,000 personas acusadas de brujería, en su mayoría, mujeres. Así, el concepto ha evolucionado, resignificándose y mezclándose con nuevas ideas e historias, pues finalmente las leyendas se componen de eso.
La única verdad es que esta mujer “mala” aparece en la historia de Occidente como una mujer rebelde e incluso revolucionaria, además de poderosísima puesto que es dueña de conocimientos ancestrales, y por ello, es respetada no sólo por vasallos sino también por reyes, todos, a fin de cuentas, igualmente supersticiosos.

Así, en una sociedad como la de la Baja Edad Media, la Bruja representa a esa mujer que rechaza su destino, que no se resigna a su condición de mujer, a permanecer por debajo de todos los varones. La bruja prefiere la soledad, la libertad. Y de este modo pronto se convierte en la enemiga a vencer, el chivo expiatorio también.

He ahí el aspecto negativo de la brujería: el respeto se torna temor y éste en odio… No pasa mucho tiempo antes de que se enciendan las hogueras.