Lenguaje inclusivo o aberración de lenguaje, el mensaje más allá de las palabras.

En los últimos años se ha popularizado el uso del llamado lenguaje incluyente, que tiene como argumento el no utilizar palabras que por si mismas definan el género de las personas, sin embargo esto ha causado gran polémica ya que los resultados para muchos han sido simplemente desastrosos.

Compañeres, niñes, invitades, son ejemplos de la forma en que las palabras han sido modificadas cambiando la letra que corresponde según el caso por una E para no especificar un rol particular, así como el señoras y señores o niños y niñas, que han pululado tratando de no dejar a nadie a un lado.

La motivación de quienes llevan a cabo esta práctica es una búsqueda de igualdad, muy necesaria por cierto, no obstante ¿hasta dónde podemos considerar al lenguaje como sexista? y ¿qué tanto ayuda cambiar el lenguaje a detener la discriminación de género?.

Concepción Company, reconocida lingüista perteneciente al Colegio Nacional de México durante la conferencia “Lenguaje Inclusivo. Una Falacia de la equidad de genero” comentó lo siguiente: “El lenguaje incluyente es un distractor de los verdaderos problemas que hay en otros aspectos, es un falso problema que deja contentos a muchos y distrae del verdadero problema de fondo”

En una entrevista previa se le cuestionó si creía que el lenguaje puede ser sexista a lo que respondió, “Creo que la gramática no es sexista ni deja de serlo. No es un concepto que pueda ser aplicado a la gramática, pero sí al lenguaje y al discurso. La gramática es totalmente aséptica, está ahí porque le funciona a una comunidad, pero el uso sí puede ser sexista.” el lenguaje es la herramienta, lo que se construye con él puede ser muchas cosas.

Company sostiene que se está buscando una solución cosmética a un problema mucho más profundo y ahí radica le verdadero dilema, “en la UNAM hubo una campaña de equidad de sexo, mal llamada equidad de género, que decía: equidad es que te llamen arquitecta. A mí me pueden llamar «oye, tú», o no llamarme de ningún modo; igualdad es que me paguen igual, me contraten igual y que tenga las misma oportunidades sociales.”

El peruano ganador del Premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, ha expresado que «el llamado lenguaje inclusivo es una especie de aberración que no va a resolver el problema de la discriminación de la mujer” y apoya completamente a la RAE que ha resuelto rechazar el uso del lenguaje inclusivo, respecto a esto el escritor dice: » Ha sido consultada y se ha pronunciado (la RAE) de una manera muy sensata, sabia y efectiva. Dice que las academias no crean el lenguaje; recogen el lenguaje que producen los hablantes y los escribientes”

La ONU también ha manifestado su postura ante el llamado “lenguaje inclusivo” explicando que el género gramatical se manifiesta en los sustantivos, adjetivos, artículos y algunos pronombres. En los sustantivos y adjetivos existe únicamente el morfema de género masculino y el de género femenino. El género neutro se ha conservado en unas pocas palabras, como aquello, eso, esto, ello, alguien, algo y lo.

En nuestra lengua existe el género gramatical (categoría que se aplica a las palabras), el género como constructo sociocultural (roles, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad determinada en una época determinada considera apropiados para los seres humanos de cada sexo) y el sexo biológico (rasgo biológico propio de los seres vivos).

Hay varios retos a superar en el español para una comunicación inclusiva en cuanto al género, primero tomar conciencia de la confusión entre género gramatical, género sociocultural y sexo biológico, segundo trabajar sobre el nivel de conocimiento de los recursos que ofrece la propia lengua para hacer un uso inclusivo dentro de la norma y por último evitar las asociaciones peyorativas que han heredado algunos equivalentes femeninos del sexismo social.

La ONU ofrece también algunas estrategias útiles para hablar o escribir de manera incluyente sin utilizar deformaciones de lenguaje: Evitar expresiones discriminatorias y utilizar las formas de tratamiento adecuadas al dirigirnos o referirnos a alguien, utilizar las formas de tratamiento (título de cortesía), el pronombre personal y los adjetivos que concuerden con su género. Además, debemos ser coherentes al referirnos a hombres y mujeres, si mencionamos a los hombres por su nombre, apellido, tratamiento o profesión, por ejemplo, deberíamos hacer lo mismo con las mujeres.

Recomiendan también evitar el uso de “Srta.” y utilizar “Sra.” como forma de tratamiento de las mujeres para no explicitar su estado civil de forma innecesaria y sobre todo hacen mucho énfasis en no usar expresiones basadas en estereotipos de género, como: Los hombres no lloran, actúas como una niña o es fuerte como un hombre.

Es importante reconocer que la discriminación como problema social está mucho más allá de la modificación del lenguaje y es mucho más relevante que el mensaje expresado sea respetuoso e incluyente.